reflexiones · storytime

¿Existe el talento?

Sí y no.

, porque hay quien nace con facilidad para llevar a cabo ciertas tareas.

No, porque por mucha facilidad que puedas tener debes trabajar dicha habilidad.

¡Muy buenas, cónyuge de la aventura!

En el ámbito artístico mucha gente tiende a pensar que las personas que sabemos dibujar, escribir o tocar un instrumento es porque tenemos el don divino de Apolo y que los simples mortales jamás podrían ni soñar con hacer algo parecido.

Todo el mundo consume arte y sin embargo se menosprecia constantemente, como si no hubiese esfuerzo detrás de una obra, porque a ellos (los artistas) les gusta lo que hacen y a demás tienen talento, ¿no?

He oído frases como estas muchas veces: «tienes talento para dibujar», «tienes un don para escribir», «esta persona tiene un don para la música», etc. El arte de pronto se convierte en algo mágico y misterioso para lo que tienes capacidad o no, como magos y muggels.

Pero vamos a reflexionar un poco sobre esto:

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¿Qué es el talento?

Según el diccionario de Google talento es:

«Especial capacidad intelectual o aptitud que una persona tiene para aprender las cosas con facilidad o para desarrollar con mucha habilidad una actividad».

Entonces, entendemos el talento como aquella facilidad aparentemente innata de algunas personas para comprender determinadas disciplinas o llevar a cabo tareas concretas.

En eso creo que todos y todas estaremos de acuerdo; a cada persona se le dan bien unas cosas y para otras tiene tanta dificultad que es probable que jamás llegue a comprenderlas o poder realizarlas con la soltura de la mayoría (ej: yo y las mates). El problema es que en el caso de los y las artistas dicha idea se romantiza hasta lo absurdo (los productos audiovisuales tampoco ayudan a quitarnos esta perspectiva) y dejan de lado la parte más importante: la disciplina.

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El arte de la disciplina

Disciplina, estudios, prácticas. Cada arte tiene su propio lenguaje y sus propias normas que debes conocer antes de pretender romperlas. Tiene sus técnicas, sus materiales y herramientas. Todo eso se conoce mediante el estudio y se comprenden y mejoran aplicándolos a la practica. Por eso cada vez que alguien le dice a un artista que tiene un don o talento cuando crea una buena obra, tira por tierra los años de práctica, estudio y sacrificio que carga a sus espaldas.

En España suele decirse «sarna con gusto no pica», en referencia a que cuando haces algo que te gusta no debes quejarte porque realmente no es un esfuerzo. Según Google el significado exacto es:

«Quien que va tras algo de forma voluntaria, no siente molestias por las posibles incomodidades».

Lamento deciros, refraneros del mundo, que sí pica. Puede picar mucho después de pasarte todo el fin de semana dibujando manos y comprobar que todavía eres incapaz de dibujar unas manos que no parezcan chorizos sin tirar de referencias, aún cuando sea la pose más sencilla del mundo. Un fin de semana que podías haber utilizado para descansar o estar con tus amigos, pero has decidido seguir trabajando para mejorar tu nivel como artista, porque entiendes que la competencia es grande y nunca será suficiente.

Pica cuando pasas años trabajando en una obra para que la tiren por tierra en un solo comentario o que exijan que tu trabajo sea gratis. Pica cuando te piden un trabajo a cambio de visibilidad, porque la visibilidad no paga las facturas ni pone comida en la mesa.

Y desde luego pica cuando terminas tu jornada laboral (en el empleo que sí te da de comer) de 6, 8 o 12 horas para llegar a casa y seguir trabajando en todos esos proyectos que te mueres por sacar adelante, para darle algo de sentido a tu vida y mantener la poca cordura que te queda, antes de que las ideas te desgasten el cráneo de tanto arañarlo intentando salir.

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El del artista es un trabajo en el que nunca terminan las horas extra y que no se va de tu cabeza. Es un trabajo en el que cada momento de pausa te tortura porque recuerdas algún error que necesita corregirse, algún detalle que podrías añadir, o tu cabeza te regaña porque podrías estar practicando o avanzando en algún proyecto o encargo en vez de desconectar un momento viendo ese anime que tienes pendiente desde el año pasado. Todo esto para que luego venga alguien y te diga «Oh, tienes talento, yo nunca podría hacer eso». Podrías. Podrías hacerlo si te pasases las tardes practicando en vez de en el bar o simplemente renunciases a tus descansos y vida social. La diferencia entre esa persona y yo (o cualquier otra persona que se dedique al arte) es que yo sí quiero hacerlo, incluso siento la necesidad, pero eso no quiere decir que no me canse como el resto de mortales o que llegue a desesperarme.

De hecho, la desesperación, el estrés y la frustración pueden llegar a ser los «»mejores»» amigos de un artista, y no es compañía grata. Tendemos a sobre esforzarnos y a descansar menos que la media. Vivimos en un estado constante de alerta y preocupación. Eso no es sano, y si una persona no está sana es muy difícil que pueda crear.

Alguien sin talento puede llegar a dominar una disciplina artística si se aplica, igual que un negado para la lengua puede aprender a hacer análisis sintácticos a base de práctica, clases particulares y buenos profesores. El problema, como siempre, es que el arte no se valora del mismo modo que otras materias y se envuelve en misticismo. Recordemos que cuando éramos peques no sabíamos ni sujetar un lápiz, pero aprendimos a hacerlo ¿no?

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La lección del bambú

El talento no vale de nada si no se cultiva. Hace poco escuché a Laura Tárraga decir algo así como: ser escritor es como ser un bambú; te pasas años sin crecer, solo echando raíces. (lo siento, Laura, no recuerdo la frase exacta). Y es que el bambú es una planta que tarda unos cinco años en enraizar. A partir de ahí es cuando crece y si se corta vuelve a crecer muy rápido, porque tiene buena base.

Me parece un símil super acertado, no solo para la escritura, sino para cualquier disciplina. Hay mucho trabajo detrás de una buena obra, mucha raíz que nadie ve y justifican con el talento.

Sabemos que Mozart tenía talento para la música, pero no habría llegado a ser el músico que era de haber nacido en una familia pobre y no haber podido tocar ni en el coro de la iglesia. Su talento, su dedicación y la posición social de su familia (con sus consecuentes ventajas) lo convirtieron a él y a su hermana en los grandes músicos que fueron.

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¿Cuál es la conclusión?

Existe el talento, pero no es un don mágico. También existen cosas que pueden apasionarnos o simplemente se nos dan bien y nos resultan amenas. Incluso puede haber muchas cosas que te gusten y se te den bien. Sin embargo, nuestro tiempo es limitado y si queremos alcanzar la excelencia en una disciplina debemos centrarnos en una o dos de ellas para desarrollarlas lo máximo posible. No digo que no se pueda hacer con más, pero dos ya me parece bastante complicado.

El talento puede ayudarte, nadie lo pone en duda, sin embargo no te servirá de nada si no lo cultivas y trabajas duro. De hecho, es muy probable que una persona sin talento te supere en destreza si se ha dejado los codos estudiando y practicando mientras tú te tocabas los genitales.

Si tu don te llena cultívalo. La próxima vez que te digan que tienes talento y le resten importancia tu trabajo puedes responderle que también tienes muchas horas de curro a tus espaldas o directamente pasarle esta entrada.

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Aquí te dejo la versión podcast por si te da pereza leer

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